Fragmentos de una historia que me pertenece. Cap. XVIII

En nuestra vivienda no hacía falta despertador. En las contiguas, tampoco.
A partir de las cinco de la mañana, bajaban de los Tres Pins las primeras andanadas de mano de obra.
Desfilaban por el sendero que concurría a la ciudad, y que bifurcaba por un lado, a la izquierda, hacia a la Plaza España, y por el otro, en línea recta,

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