Don Manuel, el tendero de la esquina.

Era Don Manuel un tipo extraordinario,
prominente mentón, gruesa barriga,
anchas espaldas, puro en los labios,
andares lentos, mirada inquina.
Sapiencia propia de ingenio largo.

De siempre fue el tendero de la esquina,
tiempos de almacén hecho colmado,
se armaba de paciencia y cada día
bragaba mil batallas de soldado
al frente de su mesa/mostrador/estantería.

Fanál de luz colgado del pescante
presidiendo la estancia ensombrecida,
y acumulando polvo por instantes
un “mañana si, hoy no se fía”
señalaba con un dedo al visitante.

Se fue Don Manuel del vecindado,
el peso de la edad hizo su antojo;
pusieron a la puerta un buen candado,
sellaron las hojas con cerrojos,
y un aire de nostalgia fue mandado.

Hace tiempo que ese tiempo fue pasado
y de aquello solo queda la añoranza.
Parió en su lugar un supermercado
donde nadie te da cara de confianza
y te sientes un objeto más y abandonado

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